miércoles, 1 de febrero de 2012

I Joe Jazz

Permíteme que me presente, mi nombre es Joe, soy un chico soñador pero con cierto talento a lo que líricas y arte se refiere, y esque tengo un don... para meterme en problemas, éllo me facilita que luego escriba sobre ellos, dramatizandolos, mas que eso, dándoles un toque personal; al público le gusta escuchar buenas historias y yo se las doy. Tumbado me hayaba, en el viejo diván, meditando... una fría mañana de Febrero y no sabía exactamente qué hora era. Miré por la ventana y pude ver que hoy el paisaje era totalmente distinto, una ciudad de color gris, las personas caminaban por la calle como si fueran robots, de un lado para otro, vestían con colores oscuros y sus caras lucían todas un gesto de preocupación y pasotismo hacia el prójimo. Los vehículos soltaban humo gris que se difuminaba en el ambiente creando una capa grisácea en la atmosfera y generando un ruido insoportable. Pude ver como a un anciano se le caían al suelo unos papeles, formando un ajetreo por el viento, el pobre hombre parecía angustiado al ver que sus documentos se habían esparcido por la calle, nadie hizo el gesto de molestarse tan solo, a observar que había ocurrido, iban al margen de lo que sucedía entorno a ellos, como en su propio mundo apartado del resto. Me encaminé a la cocina a hacerme un buen café, enseguida el vapor hinundó la estancia creando un fuerte y cálido aroma.
Abrí la puerta de casa y cerré con llave, el ascensor volvía a estar estropeado, -Maldición- pensé, de todos modos vivía en un tercero, pero luego tendría que volver a subir, y esa imagen me daba pereza. Al abrir la entrada del zaguán de mi edificio, una hoja de papel mecida por el viento se quedó abrazada en mi tobillo, de pronto fijé mi vista y pude percatarme que el anciano de antes estaba buscando algo bajo de los vehículos que estaban aparcados junto a la acera. Esta mañana me sentía con energía, así que me arrimé al hombre cuyo rostro parecía descompuesto por el estres que llevaba encima
- ¿Está usted bien?-pregunté
El anciano hizo caso omiso a mi pregunta, seguía mirando por debajo de los coches.
- ¿Es esto suyo? - pregunté alzando al aire la hoja de papel.
Le presté atención mientras el anciano se incorporaba, la hoja estaba númerada y en élla había escrita una especie de historia
- Sí, es mía, dámela- Dijo el anciano entusiasmado, que puso a mirar rápidamente su hoja.
- Dios santo, gracias al cielo, por fín he encontrado toda mi obra- añadió entusiasmado
- Gracias, chico, toma, cinco monedas- dijo, mientras extendía en su mano calderilla y me la acercaba
- Eh, no gracias, no quiero su dinero buen hombre, vaya usted en paz- hice un gesto de despedida con la boina mientras marchaba en dirección opuesta.
Hoy tendría que ser un gran día, tenía esa sensación, aunque aparentemente la ciudad estaba triste. Pero por lo menos yo estaba feliz y ahora ese anciano al recuperar su obra también, ¿qué clase de obra sería? ¿un éxito mundial? ¿o simplemente locuras de un pobre viejo chiflado?. Hoy tenía que enseñarle a unos turistas el centro histórico de la ciudad, era pequeño pero con mucha historia, me ganaba un jornal como guía turístico, si la historia de un edificio era aburrida o simplemente no tenía yo me inventaba buenas historias en su favor, los turistas aplaudían y miraban asombrados dichos edificios por ser tan especiales, incluso se hacían fotos de recuerdo, al fin de al cabo yo les hacía felices.

domingo, 15 de mayo de 2011

I-3 (Sueño de ninguna parte)

Puse varios trozos de madera en la boca de la chimenea y le eché un poco de lasca para que prendiera rápidamente, prendí la lasca con una cerilla y ésta rápidamente ardió. Me arrimé al fuego con la intención de entrar en calor arrimando las manos lo mas cerca que podía.

Cuando por fin conseguí entrar en calor, agarré una olla de la cocina en la que me hice una sopa de ave con verduras frescas, cogidas ayer por la tarde de mi pequeño cultivo situado a espaldas de la cabaña.

Ya era por la tarde, el sol se estaba poniendo entre las montañas, de él emanaban unos rayos anaranjados hacia el cielo, como si estuviera resistiéndose a desaparecer del cielo. En cuanto el sol se escondió en su totalidad la temperatura descendió de nuevo pero a penas se notaba dentro, el salón había cogido la temperatura ideal, el único problema era que el resto de las habitaciones seguían frías, me tumbé en el sofá tapado con la vieja manta de cuadros de franela y me quedé dormido. El ambiente del salón comenzó a estar un poco recargado, la chimenea había estado todo el día funcionando y respirar se hacía pesado, así que abrí un momento una ventana y fui a recoger la manta que se hallaba tirada en el suelo frente al sillón. La ventana se cerró de un violento golpe que hizo que por un instante me hirviera la sangre. Necesitaba despejarme un poco, así que salí a la fría intemperie en la que un viento suave pero cortante rasgaba mi cara a su paso, escuché un fuerte ruido repetitivo cuando me encaminé en la dirección trasera de la cabaña, asustado retrocedí unos pasos hasta el pequeño cobertizo de madera, y junto a él cogí el hacha que se encontraba clavada en un tronco. Finalmente me cargué de valor y avancé hacia el sentido donde procedían los ruidos, al final de la oscuridad pude ver la puerta del pequeño huerto golpeando fuertemente mecida por el viento, me acerqué a ella y noté algo extraño, el alambre que la sujetaba no estaba. Miré al interior del huerto con el fin de encontrar algo extraño, pero no pude ver nada y el frío comenzaba a apretar, cogí una pequeña soga y até la puerta para evitar que siguiera golpeando. Al girarme pude vislumbrar las ventanas de la cabaña y como la luz amarillenta del salón causada por las llamas de la chimenea oscilaba, pero de repente, la oscuridad envolvió el habitáculo y a penas se podía ver nada por la ventana, pensé que la chimenea por alguna causa se habría apagado, pero a la vez me resultaba extraño que se apagara, y más a esa velocidad como si se pulsara un interruptor, me encaminé lo mas apresuradamente hacia la cabaña para encender el fuego antes de que se perdiera el calor del salón, clavé el hacha en el tronco junto al cobertizo y me encaminé hacia la puerta, era extraño, la puerta estaba abierta y yo juraría haberla cerrado. Entré en la cabaña y cerré la puerta. Todo estaba oscuro, cogí un candil y lo encendí, la casa estaba ya helada, la sensación térmica era incluso mas fuerte que la de el exterior. Un escalofrío de piedra recorrió mi espalda cuando pude ver claramente la silueta de una niña avanzando por el corredor y perdiéndose en la oscuridad.

-¿Hola? ¿Hay alguien ahí? - Pregunté asustado. Pero no obtuve respuesta.

Avancé con el candil en la mano izquierda y con la mano derecha cerrada esperando a asestar un puñetazo a algo que me apareciera de repente. Abrí la puerta del baño a toda velocidad esperando que, en el caso de haber alguien detrás de la puerta, fuera golpeado con ésta, la cortina de la bañera se movió, corrí hacia ella y la aparté mientras preparaba el puño, pero ésta estaba vacía, simplemente el viento causado al abrir la puerta hizo que se moviera. Continué inspeccionando las habitaciones pero en ninguna de ellas encontré nada extraño, finalmente volví a encender la chimenea y me senté en el sofá recapacitando sobre lo sucedido esta noche, había sido todo tan extraño, siempre había vivido solo en el bosque, y jamás había pasado tanta inquietud como aquella noche. Pensando en lo sucedido, en que la puerta del huerto simplemente se abrió por el viento debido al mal estado del alambre que la sujetaba, en la aparición de la niña, que posiblemente fuera fruto de mi imaginación o una mala pasada de mis sentidos... todo me hizo gracia en ese momento, y una fuerte carcajada salió de mi boca. El sonido de la risa hizo eco en el salón y luego se calmó, pero al cabo de los dos segundos el eco regresó, asustado me volví a acurrucar en el sillón, sabía que no había nadie en la casa pues había mirado en todos los rincones, incluso bajo de las camas. Pasaron horas a causa de los nervios hasta que conseguí dormirme. Tuve los típicos sueños que me abordaban a diario todas las noches, pero algo diferente, pude reconocer en ellos a la niña que había visto en el corredor, probablemente el sueño fuera la causa de que mi mente colocara a dicha niña ahí. La niña era rubia, pelo liso pero destartalado, un vestido a rayas rosas y negras atado con un lazo negro por la cintura y unos zapatos negros. No se diferenciaba mucho a una niña corriente, solo por el pelo despeinado, y las pintas de dejadez que tenía, como si nadie cuidara de ella y no se pudiera apañar sola.

I-2 (Sueño de ninguna parte)

Miles de sombras, dibujos y figuras invaden mi mente cada noche en el profundo sueño, imágenes sobrecogedoras, grotescas e inhumanas. Retorciéndome en la cama y sudando por las oscuras pesadillas que invaden mi mente transcurre la noche, al dia siguiente no consigo acordarme de lo que he soñado, por lo menos nada con sentido, solo... imagenes de aquí y de allá, como fotogramas. Al día siguiente todo estaba tranquilo, el fuego de la chimenea se había consumido ya en su totalidad hacia ya, por su aspecto, un par de horas antes de despertarme, el cielo estaba despejado, y la temperatura no era excesivamente fría. Incorporandome en la cama para levantarme recordaba escasamente aquellas imagenes que me habían atormentado toda la noche, siendo las causantes de que no descansara bien, y me sintiera cansado al día siguiente; finalmente me puse en pie y anduve a la cocina en busca de algo que desayunar. Me preparé un café en la vieja cafetera que sonaba como si de un cacharro viejo se tratara, pero hacía los mejores cafés que he probado en mi vida, el olor a café se extendio por toda la cabaña, un aroma intenso, natural, con el que siempre recuerdo las mañanas de invierno...

Después de vestirme salí hacia el bosque con el propósito de recoger madera para encender la lumbre de la cabaña, me recoloqué el gorro de lana y la bufanda porque aunque no era excesivamente frío el aire que bajaba de las montañas, estar a la intemperie mal abrigado podría resfriarme. Anduve metros y metros en busca de un tronco caído o ramas secas con las que llenar el canastillo de esparto que llevaba conmigo, no recuerdo el tiempo que caminé pero sí el sentido de la marcha pues en un bosque tan frondoso aun conociéndolo bien podría perderse cualquiera. Pude finalmente hallar un tronco podrido tirado en el suelo junto a un cúmulo de rocas, que fácilmente partí con mi pequeña hacha al estar prácticamente hueco y llené el canastillo en su totalidad, aun así sobró madera, era una lástima no poder cargar mas, mañana volvería a por ella. De camino a casa el hambre empezó a apretar, había estado toda la mañana en el bosque en busca de madera, y la temperatura descendió fuertemente sin explicación alguna, dejé el canastillo con la madera a un lado con el hacha encima, frote mis manos para que cogieran calor y eche bao con la boca sobre ellas, a penas podía sentir mis dedos, cargué nuevamente con el canastillo y el hacha y me encaminé hacia la cabaña, era hora de comer.

lunes, 9 de mayo de 2011

I (Sueño de ninguna parte)

La noche era oscura, hacia frio y una suave brisa nocturna agitaba las ramas de los árboles haciendo sonar un crujido sordo, estando sentado sobre el suelo de piedra acurrucado al lado del acogedor fuego que emanaba de la chimenea de mi pequeña cabaña de madera situada en el campo, en un lugar tranquilo, lejos de nadie que me pudiera molestar... pude ver a través de la ventana la hermosa luna, era llena, rodeada de una luz majestuosa en la oscura noche, abrazada por las nubes negras que se estaban formando en el cielo, tapando las estrellas que parecian tener vida ese dia, las nubes suavizaron un poco la temperatura, miré hacia el fuego y vi danzar las llamas que oscilaban de un lado al otro como vacilantes asi como el sonido de la madera ardiendo, estaba cansado, ese dia habia salido al bosque a pasear y no habia estado en casa en todo el dia. Extendí el dedo y sobre la fría piedra del suelo empecé a dibujar un corazón imaginario, y pensé que tal vez el mio no fuera tan distinto a ese dibujo, frio, de piedra, inherte... Finalmente me entró el sueño y me acurruqué en el viejo sofá situado frente a la lumbre tapandome con una manta de franela y pude descansar.

Prólogo (Sueño de ninguna parte)

Empecé a escribir estas notas en viejos retales de papel caidos por los oscuros rincones de mi cuarto mientras escuchaba música y tenía encendido un incienso con olor a cítrico. En estas lineas plasmo sentimientos de mi vida diaria y vivencias personales, recuerdos abandonados en mi mente y pensamientos que por ella deambulan, empiezo a escribir como un metodo de expresión, de liberar pensamientos enjaulados, dejandolos fluir hacia el exterior.