Miles de sombras, dibujos y figuras invaden mi mente cada noche en el profundo sueño, imágenes sobrecogedoras, grotescas e inhumanas. Retorciéndome en la cama y sudando por las oscuras pesadillas que invaden mi mente transcurre la noche, al dia siguiente no consigo acordarme de lo que he soñado, por lo menos nada con sentido, solo... imagenes de aquí y de allá, como fotogramas. Al día siguiente todo estaba tranquilo, el fuego de la chimenea se había consumido ya en su totalidad hacia ya, por su aspecto, un par de horas antes de despertarme, el cielo estaba despejado, y la temperatura no era excesivamente fría. Incorporandome en la cama para levantarme recordaba escasamente aquellas imagenes que me habían atormentado toda la noche, siendo las causantes de que no descansara bien, y me sintiera cansado al día siguiente; finalmente me puse en pie y anduve a la cocina en busca de algo que desayunar. Me preparé un café en la vieja cafetera que sonaba como si de un cacharro viejo se tratara, pero hacía los mejores cafés que he probado en mi vida, el olor a café se extendio por toda la cabaña, un aroma intenso, natural, con el que siempre recuerdo las mañanas de invierno...
Después de vestirme salí hacia el bosque con el propósito de recoger madera para encender la lumbre de la cabaña, me recoloqué el gorro de lana y la bufanda porque aunque no era excesivamente frío el aire que bajaba de las montañas, estar a la intemperie mal abrigado podría resfriarme. Anduve metros y metros en busca de un tronco caído o ramas secas con las que llenar el canastillo de esparto que llevaba conmigo, no recuerdo el tiempo que caminé pero sí el sentido de la marcha pues en un bosque tan frondoso aun conociéndolo bien podría perderse cualquiera. Pude finalmente hallar un tronco podrido tirado en el suelo junto a un cúmulo de rocas, que fácilmente partí con mi pequeña hacha al estar prácticamente hueco y llené el canastillo en su totalidad, aun así sobró madera, era una lástima no poder cargar mas, mañana volvería a por ella. De camino a casa el hambre empezó a apretar, había estado toda la mañana en el bosque en busca de madera, y la temperatura descendió fuertemente sin explicación alguna, dejé el canastillo con la madera a un lado con el hacha encima, frote mis manos para que cogieran calor y eche bao con la boca sobre ellas, a penas podía sentir mis dedos, cargué nuevamente con el canastillo y el hacha y me encaminé hacia la cabaña, era hora de comer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario