Puse varios trozos de madera en la boca de la chimenea y le eché un poco de lasca para que prendiera rápidamente, prendí la lasca con una cerilla y ésta rápidamente ardió. Me arrimé al fuego con la intención de entrar en calor arrimando las manos lo mas cerca que podía.
Cuando por fin conseguí entrar en calor, agarré una olla de la cocina en la que me hice una sopa de ave con verduras frescas, cogidas ayer por la tarde de mi pequeño cultivo situado a espaldas de la cabaña.
Ya era por la tarde, el sol se estaba poniendo entre las montañas, de él emanaban unos rayos anaranjados hacia el cielo, como si estuviera resistiéndose a desaparecer del cielo. En cuanto el sol se escondió en su totalidad la temperatura descendió de nuevo pero a penas se notaba dentro, el salón había cogido la temperatura ideal, el único problema era que el resto de las habitaciones seguían frías, me tumbé en el sofá tapado con la vieja manta de cuadros de franela y me quedé dormido. El ambiente del salón comenzó a estar un poco recargado, la chimenea había estado todo el día funcionando y respirar se hacía pesado, así que abrí un momento una ventana y fui a recoger la manta que se hallaba tirada en el suelo frente al sillón. La ventana se cerró de un violento golpe que hizo que por un instante me hirviera la sangre. Necesitaba despejarme un poco, así que salí a la fría intemperie en la que un viento suave pero cortante rasgaba mi cara a su paso, escuché un fuerte ruido repetitivo cuando me encaminé en la dirección trasera de la cabaña, asustado retrocedí unos pasos hasta el pequeño cobertizo de madera, y junto a él cogí el hacha que se encontraba clavada en un tronco. Finalmente me cargué de valor y avancé hacia el sentido donde procedían los ruidos, al final de la oscuridad pude ver la puerta del pequeño huerto golpeando fuertemente mecida por el viento, me acerqué a ella y noté algo extraño, el alambre que la sujetaba no estaba. Miré al interior del huerto con el fin de encontrar algo extraño, pero no pude ver nada y el frío comenzaba a apretar, cogí una pequeña soga y até la puerta para evitar que siguiera golpeando. Al girarme pude vislumbrar las ventanas de la cabaña y como la luz amarillenta del salón causada por las llamas de la chimenea oscilaba, pero de repente, la oscuridad envolvió el habitáculo y a penas se podía ver nada por la ventana, pensé que la chimenea por alguna causa se habría apagado, pero a la vez me resultaba extraño que se apagara, y más a esa velocidad como si se pulsara un interruptor, me encaminé lo mas apresuradamente hacia la cabaña para encender el fuego antes de que se perdiera el calor del salón, clavé el hacha en el tronco junto al cobertizo y me encaminé hacia la puerta, era extraño, la puerta estaba abierta y yo juraría haberla cerrado. Entré en la cabaña y cerré la puerta. Todo estaba oscuro, cogí un candil y lo encendí, la casa estaba ya helada, la sensación térmica era incluso mas fuerte que la de el exterior. Un escalofrío de piedra recorrió mi espalda cuando pude ver claramente la silueta de una niña avanzando por el corredor y perdiéndose en la oscuridad.
-¿Hola? ¿Hay alguien ahí? - Pregunté asustado. Pero no obtuve respuesta.
Avancé con el candil en la mano izquierda y con la mano derecha cerrada esperando a asestar un puñetazo a algo que me apareciera de repente. Abrí la puerta del baño a toda velocidad esperando que, en el caso de haber alguien detrás de la puerta, fuera golpeado con ésta, la cortina de la bañera se movió, corrí hacia ella y la aparté mientras preparaba el puño, pero ésta estaba vacía, simplemente el viento causado al abrir la puerta hizo que se moviera. Continué inspeccionando las habitaciones pero en ninguna de ellas encontré nada extraño, finalmente volví a encender la chimenea y me senté en el sofá recapacitando sobre lo sucedido esta noche, había sido todo tan extraño, siempre había vivido solo en el bosque, y jamás había pasado tanta inquietud como aquella noche. Pensando en lo sucedido, en que la puerta del huerto simplemente se abrió por el viento debido al mal estado del alambre que la sujetaba, en la aparición de la niña, que posiblemente fuera fruto de mi imaginación o una mala pasada de mis sentidos... todo me hizo gracia en ese momento, y una fuerte carcajada salió de mi boca. El sonido de la risa hizo eco en el salón y luego se calmó, pero al cabo de los dos segundos el eco regresó, asustado me volví a acurrucar en el sillón, sabía que no había nadie en la casa pues había mirado en todos los rincones, incluso bajo de las camas. Pasaron horas a causa de los nervios hasta que conseguí dormirme. Tuve los típicos sueños que me abordaban a diario todas las noches, pero algo diferente, pude reconocer en ellos a la niña que había visto en el corredor, probablemente el sueño fuera la causa de que mi mente colocara a dicha niña ahí. La niña era rubia, pelo liso pero destartalado, un vestido a rayas rosas y negras atado con un lazo negro por la cintura y unos zapatos negros. No se diferenciaba mucho a una niña corriente, solo por el pelo despeinado, y las pintas de dejadez que tenía, como si nadie cuidara de ella y no se pudiera apañar sola.
